17 de febrero de 2010

Amor y Software


Four tet nos ha hecho esperar cinco años. Un lustro en el que el inquieto Kieran Hebden se ha dedicado a coquetear con todo el que le apetecía y no han sido precisamente malas compañías. Steve Reid, Burial,remixes para Bloc Party, Super Furry Animals o The Notwist. Eps, maxis y colaboraciones que nos han hecho la espera más llevadera.

There´s love in you (Domino Records, 2010) es un álbum en el que deja patente cuál es la dirección que quiere seguir. La continuación de Everything is Ecstatic (Domino Records, 2005) se presenta con nueve cortes. Para esta entrega, su sonido se hace más minimalista. Hebden deja a un lado los toques hip hop que han caracterizado álbumes anteriores, para centrarse en un house profundo, delicado y emocionado. Sus armas: el corta y pega, los sampleos de voces con regusto soul, el control de los volúmenes y las velocidades, la superposición de guitarras sobre un colchón de xilófonos y tecladitos ,y los bombos; entrecortados, desacompasados en ocaciones y mucho más contundentes en los desarrollos de los temas.

Todo una artillería digital la que despliega el inglés en canciones como Angel Echoes, corte que inaugura el disco y quizás uno de los más accesibles o en la evocadora Sing, en mi opinión el hit del disco. En temas como Love Cry, que ya pudimos escuchar en un maxi que sacó el pasado diciembre, realiza su particular acercamiento al dubstep más sosegado. Y en canciones como Circling reivindica su ramalazo más folk gracias a un bucle de xilófonos, frente a las atmósferas que propone en Reversing.

Kieran Hebden utiliza canciones con patrones pop y las estira a su antojo, les da forma a través de todos los recursos que le ofrece esa inagotable paleta de colores en que se ha convertido la electrónica actual. Directo, secillo y sobre todo, emotivo.

11 de enero de 2010

¿Por qué lo llaman "hit" cuando quieren decir temazo?

Mi rutina de los lunes comienza de forma parecida. Después de revisar los correos del trabajo, de escuchar una canción bonita; a ser posible de pop enérgico para venirme arriba o electrónica buenrrollista, me leo con atención la columna de Diego A. Manrique en El País. La cosa es que hoy lo dedica al tema de las etiquetas musicales. Eso que vuelve locos a críticos y lectores empedernidos de la prensa musical.

A estas alturas hemos escuchado de todo. Me encanta eso de añadir el término dark o deep a otras. Y ver las distintas ramificaciones de las familias. Las de la electrónica son de los más divertidos: techno, electro, house, drum 'n' bass, hard dance, trance, breaks, dubstep. Eso sin entrar en aquello de lo minimal, que es otra historia. Tampoco quiero entrar en la depresión que me produce lo que han hecho con la palabra emo. A mí, que mi palabro favorito es slow y emo-core y ahora resulta que emo es otra cosa radicalmente diferente.

Hace tiempo que tengo una libreta con palabras bonitas y ahora me planteo si en 2010 dedicarme a coleccionar nuevos géneros o microgéneros musicales. La ristra es interminable y en la mayoría de las ocasiones provoca risa. Sólo hace falta echar un vistazo a las críticas, reportajes y demás piezas de periódicos, revistas y blogs, webs variadas. A mi juicio tan pobre es decir que el disco de Atlas Sound es pop como que el de Vampire Weekend un sudoku de pop-art/new wave. Es cierto que las clasificaciones facilitan las cosas. Siempre sin olvidar su función principal: orientar al lector.

De poco me sirve leer una crítica de, no sé, por ejemplo, el último trabajo del canadiense Aidan Baker como Nadja y que me lo etiqueten como doom-shoegazing. Al final llego a la conclusión de que se están quedando conmigo, que este "bello deporte" que es etiquetar no es más que un nuevo hobby del crítico del disco y que tengo que escucharlo para enterarme de algo. Y si nos ponemos a hablar del lenguaje propio de la música. Apaga y vámonos... ¿Por qué lo llaman hit cuando quieren decir temazo?

De momento, me contagio de lo cool que es hablar en spanglish musical y os dejo dos de mis hits personales de esta semana. Porque al final, no quiero ser una outsider musical y estas canciones son un must de la cuesta de enero.